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Los escombros de la destrucción de Tiamat, al alcanzar el límite de Roche, se ha convertido en el cinturón de asteroides con su propia órbita. En astronomía, se denomina límite de Roche a la distancia mínima que puede soportar un objeto, que mantiene su estructura únicamente por su propia gravedad y que orbita un cuerpo masivo, sin comenzar a desintegrarse debido a las fuerzas de marea que genera el objeto principal. Dentro del límite de Roche la fuerza de gravedad que el cuerpo central ejerce sobre el extremo del satélite más cercano y más alejado exceden a la fuerza de gravedad del satélite, y éste podrá ser destruido por las fuerzas de marea. El nombre de límite de Roche proviene del astrónomo francés Édouard Roche, quien primero propuso este efecto y calculó este límite teórico en 1848. El límite de Roche depende, por lo tanto, de la gravedad del cuerpo central pero también de las características de densidad del satélite.
Investigadores como Charles Fort han explicado como la Tierra ha visto extrañas lluvias de peces, ranas, aceite, piedras, granizo y hielo descendiendo de los cielos. Lo que se ha omitido es el hecho que estas anomalías son realmente los remanentes de un planeta entero, Tiamat. Las aguas de sus grandes océanos se congelaron en el espacio. Cuando entran en nuestra atmósfera se licúan, depositando su, a menudo, contenido vivo en la superficie de la Tierra, para perplejidad de los testigos. Cuando fue escrito en el Libro del Apocalipsis que la “batalla de Armagedón se produciría en el aire”, parece referirse a la destrucción de un segundo planeta en nuestro propio sistema solar o a la posible guerra intergaláctica que tuvo lugar en nuestro propio patio trasero. Todo ello puede verse en “El Zodíaco Perdido” y en algunas obras de Erich Von Daniken, Immanuel Velikovsky, William Bramley o David Hatcher Childress.
Según parece, esta guerra en el aire fue vista desde la Tierra por sus entonces habitantes nativos. Por otra parte, las misiones de reconocimiento de los dioses “caídos” en sus extrañas “carrozas” fueron también atestiguadas y registradas. Algunos de estos registros han permanecido hasta la actualidad, aunque muchos creen que son puros cuentos de hadas. Más de 30,000 documentos escritos en todo el mundo narran sobre seres avanzados que vinieron a la Tierra o que ya estaban viviendo en la Tierra. Según el Libro de Ezequiel: “Ahora, al ver a las criaturas vivientes, vi cuatro alas sobre el suelo, una por cada una de las criaturas vivientes, con sus cuatro caras. La aparición de las ruedas y su composición eran como el color del ámbar brillante: y todas las cuatro alas tenían una similitud: y su composición era como una rueda en medio de una rueda”.
Consideremos solo algunas de las extrañas referencias en las páginas de la Biblia. En el Libro de Ezequiel leemos: “Luego, Eva vio hacia el cielo y vio una carroza brillante venir, guiada por cuatro brillantes ángeles, cuya gloria nadie, nacido de mujer, podría expresar ni ver a la cara, ángeles iban delante de la carroza”. Y según el Génesis: “Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeante y una antorcha de fuego que pasaba …”. Y el Libro de Ezequiel nos explica: “Y cuando los seres vivientes andaban, las ruedas andaban junto a ellos; y cuando los seres vivientes se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban …. Hacia donde el espíritu les movía que anduviesen, andaban; hacia donde les movía el espíritu que anduviesen, las ruedas también se levantaban tras ellos, porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas”. Y en el Éxodo nos dice: “… y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos se apartó y se puso a sus espaldas”. Según el libro de Nehemiah: “….su partida es desde el final del cielo, y su circuito hasta el final del mismo: y no hay nada oculto del calor del mismo”. Y de nuevo en el Libro de Ezequiel: “ Y vi, y he aquí un remolino vino desde el norte, una gran nube y un fuego, y había un resplandor estaba sobre el y fuera del medio, como el color del ámbar en medio del fuego”. Y de nuevo el Éxodo: “Y cuando Moisés entró en el tabernáculo, la columna de nube descendía y se ponía a la puerta del tabernáculo, y Jehová hablaba con Moisés. Y viendo todo el pueblo la columna de nube que estaba a la puerta del tabernáculo, se levantaba cada uno a la puerta de su tienda y adoraba”. Según Juan: “Ellos, entonces, con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra donde iban”.
Y de los antiguos Arios e Hindús también tenemos referencias. En el Mahavira de Bhavabhuti, un texto jaino, leemos: “Él abordó el vehículo aéreo con Khara, el cual estaba decorado con joyas y las caras de demonios, y se movía con ruido semejando a las sonoras nubes. Por lo cual Ravana y Maricha abordaron el vehículo aéreo semejando un palacio (Vimana, nave volante) de esa ermita. Luego, la demonesa trajo el vehículo aéreo Puspaka y colocó a Sita en el, trayéndola del bosque de Ashoka y la hicieron ver el campo de batalla con Trijata. Este vehículo aéreo marcado con Cisne se elevó en el cielo con fuerte ruido. Una carroza aérea, la Pushpaka, transporta a mucha gente hacia la capital de Ayodhya. El cielo está lleno de estupendas máquinas voladores, oscuras como la noche, pero seleccionadas por luces con amarillento fulgor”.
Y en el Mahabharata leemos: “Ahora, la grandeza de la carroza de Vata! Rompiendo va, Y rugiente es su sonido, el cielo toca, hace fuertes luces, un fiero rugido y arremolina el polvo sobre la tierra. La carroza ocupada por Salva era muy misteriosa. Era tan extraordinario que a veces parecería que muchas carrozas estuvieran en el cielo, y a veces parecía no haber ninguna. Algunas veces, la carroza era visible y a veces invisible, y los guerreros de la dinastía Yadu estaban intrigados acerca de la ubicación de la peculiar carroza. A veces ellos verían la carroza en el suelo, a veces volando en el cielo, otras veces descansando en el pico de una colina, y otras, flotando en el agua. La maravillosa carroza volaba en el cielo como un incendio forestal giratorio – no era constante ni por un solo momento”.
Un experto en sanscrito en la Universidad de Madras, el Dr. V. Raghavan, escribe: “Cincuenta años de investigación de esta obras antiguas me convence de que hay seres vivos en otros planetas, y que visitó la tierra ya en 4000 antes de Cristo…Hay una masa de información fascinante sobre máquinas voladoras, armas, incluso de ciencia ficción que se pueden encontrar en las traducciones de los Vedas, las epopeyas indias, y otros textos en sánscrito antiguo”. Zecharia Sitchin y otros investigadores son de la opinión que los perdedores en este “Armagedón” cósmico, es decir, los visitantes, eran generalmente buenos, y que su llegada aquí fue generalmente algo bueno para la Tierra. Pero resulta difícil aceptar completamente esta teoría. Es razonable asumir, como los antiguos textos indican, que estos visitantes eran inmorales y perversos, que quizás contribuyeron a la corrupción de su propio planeta original, del que fueron expulsados.
Existe muchísima información de antiguas leyendas, que indican que los visitantes, a pesar de toda su sabiduría y capacidad tecnológica, eran moralmente corruptos y sin sensibilidad espiritual de ninguna clase. Estos renegados ángeles “caídos” encontraron su nuevo hogar en la Tierra, donde se encontraron con tribus indígenas, por las que fueron considerados dioses. Y usaron ventajosamente la credulidad de sus anfitriones. No teniendo ningún aprecio por los habitantes de la Tierra, casi inmediatamente intentaron esclavizarlos. Todo parece indicar que tuvieron éxito, por lo que nadie puede investigar la historia y el progreso de la humanidad sin tomar en consideración la idea de una colonización alienígena. Por ejemplo, el texto Hindú Srimad Bhagavatam relata la llegada de una raza demonio, la cual invadió los tres sistemas planetarios. Uno de los epítetos dados a estos visitantes era el de la “Gente Hormiga”, por el hecho que tenían la costumbre de minar y de hacer madrigueras subterráneas, y vivían allí en complejas colonias. Esta era una práctica que avalaba la ocultación perfecta, puesto que estos renegados sabían que era absolutamente imprescindible que no fueran rastreados hasta este planeta, ya que sus perseguidores los creían totalmente destruidos. Las leyendas celtas e incluso la Biblia afirman que los Nefilim (ángeles caídos) tomaron refugio bajo el agua en sus naves.
