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El 23 de enero es una fecha emblemática para todos los venezolanos y cada uno le da la interpretación de acuerdo a su ideología propia. Sin embargo, para todos es mensaje de libertad, de logros y de lucha por un objetivo común

Numerologicamente, es la libertad, es el ansia de volar libremente a la felicidad plena, es la expresión de un sentir que no se calla ante nada ni nadie.  Este año los números se repiten en forma particular y aunque puede pasar el día igual que cualquier otro, dentro del venezolano que siente a su país, que le importa muchísimo, esta sucediendo una serie de eventos que repercutirá en el futuro próximo y hace que las circunstancias se mueven de un lugar a otro hasta materializarse.

Todos están pendientes de las noticias importantes que se esperan con ansiedad. El sitio de atención nunca ha cambiando hasta los momentos, para quien tiene la total atención, esté en el plano que esté. Esto es importante, pues sigue teniendo la misma relevancia esté físicamente o no.

La ausencia hace que aquellos que lo adversan, lo deseen físicamente, toda una paradoja. Esto hace que el nivel energético se eleve hacia el punto que no desean, haciéndolo mas fuerte. Las señales cada día son más evidentes pero no te pueden dar las instrucciones paso a paso de lo que se debe hacer. Sin embargo, cada suceso te dice claramente lo que se está haciendo y no se debe y lo que no se está haciendo y se debe. Todo un trabalenguas, con todo el sentido posible.

Hoy 23 de enero del 2013, el mensaje es sencillito. La felicidad no depende de las circunstancias. Hay países que lo tienen todo para ser felices  y son muy desdichados; sin embargo, otros viven una vida feliz a pesar de tener auténticos problemas o enormes carencias. La clave de la felicidad es saber que nada de fuera tiene un poder  real sobre una colectividad. Los hechos externos no pueden afectar, si todo un pueblo no se lo permite. Tal como sucedió un 23 de enero de 1958. Y sobre todo  es primordial recordar: la manera más fácil de ser feliz es haciendo felices a los demás. Si vienen esos momentos, pero su llegada o retardo depende de toda la Nación, no depende de una persona, ni un grupo.

Hay momentos en la vida en los que parece que todos los elementos se ponen de acuerdo en nuestra contra, como si la naturaleza en su conjunto se aliara para luchar contra nosotros. El corazón venezolano se siente entonces frágil y desamparado. Estos hechos son sólo una prueba cuya única finalidad es la de templar el espíritu colectivo al igual que se templa el acero para hacerlo más fuerte. Después de la tempestad vendrá  la calma y el sol lucirá de nuevo sobre las azules y tranquilas aguas. No dudemos de que esta situación tempestuosa también pasará. Eso si, hay que actuar.